Antonio Soriano Mort

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Antonio Soriano Mort, editor y librero, nació en Segorbe (Castellón) en 1913 y falleció el 24 de octubre de 2005 en París.
Antonio Soriano y la Librería Española de París

La Librería Española de Antonio Soriano del 72 de la Rue de Seine, fue durante décadas el punto de cita obligado de todos los exiliados españoles del 39 y los viajeros de la Península de paso por París: desterrados y visitantes ávidos de lecturas vedadas por el franquismo se reunían en ella como en un café.

Aquella isla hispana en París, en el corazón del Barrio Latino, pronto se convirtió en un bullicioso centro cultural. Escritores como Camus, pintores como Picasso, poetas como Alberti y cineastas como Buñuel fueron asiduos visitantes de esta embajada de la literatura española en la capital francesa. Hasta el número 72 de la calle de Seine también se acercaban exiliados y escritores latinoamericanos en sus viajes a Europa.

Hijo de un maestro de obras especializado en la restauración de edificios antiguos y de un ama de casa, Soriano se instaló en la ciudad española de
Barcelona en 1929, donde compaginó los estudios de bachillerato con
diferentes trabajos.

El estallido de la guerra civil le sorprendió como bibliotecario del Ateneo
Enciclopédico Popular barcelonés y enseguida se enroló en el bando republicano, en la Oficina de Educación del Soldado. En 1939, el avance de las tropas franquistas le obligó a atravesar la frontera francesa y estuvo en el campamento de refugiados de Bram, junto a otros 16.000 exiliados, hasta que fue enviado a trabajar como agricultor a la localidad de Genouilly.

La ocupación nazi de Francia le obligó de nuevo a huir y permaneció escondido en casas de amigos en Toulouse hasta el final de la guerra. En esa ciudad fundó en octubre de 1944 el Centro de Estudios Económicos y Sociales Toulouse-Barcelona y dos años después la Librería de Ediciones Españolas.

Pero pronto este local donde se celebraban conferencias, reuniones y tertulias de asuntos muy diversos se transformó en una librería. "Las fronteras con España estaban cerradas y en Toulouse no había libros españoles. Para conseguirlos, me iba a Andorra con libros franceses y los cambiaba por otros españoles", comentaba hace unos años Antonio Soriano en una entrevista.

Con la liberación de Francia, el fundador de la Librería Española decidió regresar a París con "las manos en los bolsillos y una maleta llena de libros como equipaje". Buñuel lo acogió en su casa y Soriano continuó vendiendo libros en tenderetes improvisados en la calle. Allí supo que la librería de Sánchez Cuesta de París había cerrado y comenzó a trabajar en la apertura de una nueva, algo que no logró hasta 1954.

Tras sufrir la dura suerte de los vencidos de 1939, Soriano inició su carrera de librero en una pequeña tienda de la Rue Mazarine. "Para hacer estas cosas hay que ser un poco Quijote", comentaba entre risas Soriano hace unos años. Muchos hispanistas que acudían al nuevo y más vasto local de la Rue de Seine, como Claude Couffon, Robert Marrast o Elena de la Souchère, organizarían más tarde el homenaje a Antonio Machado en Collioure en febrero de 1959.

La trastienda de la librería de Antonio Soriano era un fértil semillero de ideas, iniciativas y plataformas de discusión literaria y política. Recuerdo las tertulias que a comienzos de los sesenta congregaban a Tuñón de Lara, Francisco Fernández Santos, Roberto Mesa, José Corrales Egea y a otros intelectuales opuestos al Régimen. Acontecimientos como la Jornada de Reconciliación Nacional o la Huelga Nacional Pacífica suscitaban discusiones apasionadas y críticas amargas.

En la biblioteca se editaron muchas obras españolas, incluidas las que Soriano denominaba la colección «el infierno», los libros prohibidos por el gobierno que encabezaba en España el general Francisco Franco.
Su labor le valió en 1994 el premio León Felipe a los valores cívicos por su defensa de la cultura y los escritores españoles en todas las circunstancias,
y en 1995 el rey Juan Carlos le concedió la encomienda de la Orden del
Mérito Civil.

En 2004, los lectores tuvieron que despedirse del local que durante tanto tiempo fue su refugio. La Librería Española iniciaba su particular exilio. El alza de los precios inmobiliarios en el Barrio Latino obligó a la familia Soriano a colgar el cartel de traspaso. Sus hijos, herederos del negocio, no tuvieron el valor suficiente para decirle a su padre que el local tenía un nuevo dueño. Temían que su avanzada edad no resistiera este duro golpe.

Antonio Soriano nunca supo que la emblemática esquina se había convertido en una lujosa tienda de decoración, donde ahora permanecen dormidos muchos recuerdos. Pero seguro que estaría tranquilo si supiera que el espíritu que le impulsó un día a ser librero continúa vivo en cada uno de los libros que ahora descansan plácidamente en las estanterías de la nueva librería de la calle de Littre.

Soriano fue un exiliado que, para emplear la fórmula de Malraux, supo transformar su destino en conciencia. En vez de detener su reloj en 1939 como muchos de nuestros compatriotas y encerrarse en la añoranza del sueño brutalmente deshecho por la fuerza de las armas, supo forjarse un ámbito propio desde el que transfirió la lucha al campo de la cultura. Rescatar la tradición republicana, acoger las voces disidentes que brotaban del erial franquista, era una forma de resistencia similar a la creada por el exilio en México. La Librería Española de la Rue de Seine atraía así, como un imán, la visita de los autores entonces dispersos por las dos orillas del Atlántico: Bergamín, Max Aub, Francisco Ayala, Vicente Lloréns y un largo etcétera.

La vida de Soriano constituye un magnífico ejemplo de dedicación a la dura labor de rescate de los restos de la herencia democrática solapada por el franquismo. Antonio no buscó un acomodo fácil a las circunstancias del momento y supo mantener a lo largo de las diferentes etapas históricas en las que le tocó vivir una independencia y honestidad ejemplares.
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