Fiesta de San Antonio Abad

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El Alto Palancia tampoco se resiste al enigmático poder del fuego. Más de 70 hogueras se encienden en Segorbe en honor a Sant Antonio Abad, cuya imagen preside la tradicional bendición de animales que se celebra en la plaza del Obispo Ahedo.
El encendido de hogueras en los barrios es una antigua costumbre recuperada en los años 90 por el gobierno local, que proporciona a los vecinos y vecinas de las barriadas que lo desean el material necesario para encender las hogueras.

Los días previos al encendido de los fuegos, la brigada de obras municipal se encarga de distribuir leña por los barrios y esparcir tierra en el suelo para que el fuego no dañe el asfalto. En concreto, se reparten entorno a 60.000 kilos de leña y 80.000 de arena. Asimismo, las cenizas y restos de las hogueras son retirados al día siguiente por los trabajadores municipales. I

HISTORIA

Según la tradición cristiana, San Antón ó San Antonio Abad, ó Magno, nació en Koma (Alto Egipto, 251-356). Fue el primer anacoreta cristiano y es considerado como el patriarca de la vida monástica.

Padeció en el desierto fuertes tentaciones del demonio. Su fiesta se celebra el 17 de enero, y sus restos se veneran desde el siglo XV en St. Julián de Arlès. La iconografía popular lo representa como un viejo con una larga barba blanca, apoyado en un bastón en forma de muleta, con una esquila atada y con uno o más cerdos a los pies.

En el desarrollo del culto popular tributado a San Antón es necesario individualizarlo en dos aspectos diferentes: uno relacionado con el fuego y las propiedades curativas a él atribuidas, y otro que pone el acento en la función tutelar del santo con respecto a los animales.

Probablemente, uno de los factores del desarrollo en Occidente del culto popular a San Antón se deba a la creencia de sus virtudes curativas sobre el Herpes-Zoster, también llamado fuego sagrado ó fuego de San Antón, enfermedad que afecta a las células nerviosas y se manifiesta con fenómenos epidémicos localizados por todo el sistema nervioso. También suele ser invocado contra la peste, el escorbuto y otras enfermedades que tienen manifestaciones análogas al fuego de San Antón. Tal vez, con este aspecto tenga relación la costumbre de levantar grandes piras de leña a las que se prende fuego la noche del 17 de enero: la hoguera de San Antón.

Alrededor de las lumbres, levantadas en las plazuelas y en las esquinas de nuestro pueblo se forman corros o círculos de personas unidas por las manos, que giran en torno a la hoguera al tiempo que se cantan viejas canciones populares, como aquella de: la lumbre de San Antón, que salga la vieja del rincón… llamando a los ancianos guarecidos del frío invernal al calor protector del fuego; o también, cantando en un tono festivo la coplilla de: Antón, Antón, Antón pirulero/ cada cual/ cada cual/ aprenda su juego/ y el que no lo aprenda/ pagará una prenda.

El corro es figura fundamental en todos los festivales conmemorativos del paso de las estaciones, mágicos rituales en los que se adoraba al Sol y a la Luna, círculo protector dibujado en las cavernas paleolíticas, en el que los participantes tomados de las manos, daban vueltas imitando el movimiento de los astros. Posteriormente cuando las llaman bajan y sólo quedan las brasas, los más atrevidos saltan sobre ellas haciendo alarde de su hombría, todo ello acompañado de petardos, carretillas borrachas y demás fuegos de artificio de poca monta. Toda esta relación con el fuego puede tener conexión con una supervivencia del culto pagano tributado a Prometeo, que era, entre los griegos, una divinidad del fuego, venerada en Atenas y Tebas.

En cuanto a la función tutelar sobre los animales, ésta se centra principalmente en el cerdo, extendiéndose también al resto de animales domésticos. En muchos lugares de España, el 17 de enero se celebra una cabalgata en la que aparecen muchos animales que son bendecidos en las iglesias. El origen de esta protección puede ser la fundación en el siglo XI en Vienne, Francia, de la Orden Hospitalaria de los Antonianos, para atender un hospital allí fundado, al cual aseguraban su subsistencia unos cerdos que los religiosos criaban vagabundeando por las calles y alimentados por los vecinos. Es posible que debido a esta ocupación de los Antonianos, se pusiera bajo la protección de San Antón primero a los cerdos y luego, por extensión, a todos los restantes animales domésticos.

Según otra tradición popular, el cerdo se consideraba la imagen del diablo que tentaba a San Antón en el desierto, y que vencido por éste, fue condenado por Dios a seguir al santo bajo esta forma.

Como curiosidad reseñaremos, que San Antón es además protector de muchas actividades, aparte de la crianza de animales. Guanteros, tejedores y esquiladores se pusieron bajo su tutela. Lo mismo los carniceros y los tocineros. Los cesteros se pusieron bajo su tutela porque el santo se dedicaba en el desierto a fabricar cestos para combatir el ocio, mientras que los sepultureros se pusieron también bajo su tutela apoyándose en el hecho de que San Antón preparó la sepultura del eremita Pablo.

REFRANERO

- Por San Antón, crece el día un pasico de ratón.
- Las cinco dan ya con el sol del día de San Antón.
- San Antón da cueros al lechón, que éstos ya comidos son.
- Por San Julián, si lo ves, creció el día un sí es no es. Por San Antón, lleva un paso del demonio. Por San Blas, tiene una hora más. Y tira hasta San Matías, que empareja la noche con el día.
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Antonio Soriano Mort «
Antonio Soriano Mort, editor y librero, nació en Segorbe (Castellón) en 1913 y falleció el 24 de octubre de 2005 en París.
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